La siguiente historia es el resultado de una investigacion de ya mas de un año de convivir con multiples familias en la hermosa ciudad de Watsonville, CA. Esta historia esta divida en partes segun tenga yo tiempo de escribir y de acuerdo a lo que vamos aprendiendo conforme avanze este viaje. Con el fin de proteger la identidad de las familias entrevistadas, los nombres de los personajes en esta historia son ficticios.
El silencio nadie se los quita. Las mentiras tampoco. Pero entre las mentiras y el silencio se encuentran reseñas de la verdad, mentiritas que aflojan y silencios no planeados.
Su casa es casi una mansión. Ubicada en la carretera, se encuentra enfrente de unos campos de algún tipo de mora, fresa, o quizá lechugas. Primero hay un terreno que separa la carretera de la casa, unos 20-30 metros fácilmente. Luego una congregación de carros, un bocho ’88, una bluestar ’92, un nissan ’91, y el nuevo carro de su hijo, un mazda 2007.
Detrás de la casa hay un pequeño espacio donde uno se topa con una piscina medio terminada, una variedad de metales, y una jaula con perros de esos que espantan. Un paso mas y se topa con el pie de una montaña.
Llegaron a Watsonville por diferentes cuentas. Carlos Esteban todo un joven inmigrante del estado de Michoacán, gran conocedor de la teoría de liberación creada por la Iglesia Católica, desde su pueblito ya se le veía la rebeldía social, ya se olían sus inclinaciones izquierdistas.
Ella, una mujer joven, guapa, morena y con uno pequeños ojos negro obscuros de esos que dan confianza. Su ultima parada por los siguientes 36 años y la pequeña ciudad que hoy llama casa, Watsonville, Ca. En ese entonces era un pueblo blanco y pequeño, dedicado a la agricultura de manzanas. Llego, y el clima fresco y lluvioso de la ciudad no le dio ni tiempo de extrañar a sus tierras.
Primero vivieron en la calle segunda, y crearon a una familia de cinco. Juntos, lucharon grandes batallas contra las canerias y el concilio local. De la mayoría salieron victoriosos. De ahí sale toda su inspiración para seguir luchando.
Cada jueves en la noche a las siete en punto, llegan cinco o seis carros a estacionarse afuera de un pequeño centro que parece cubo, sin mucha arquitectura, y sin mucho color. Ahí, en la casa de la cultura, rodeados de cuadros de la virgen de Guadalupe, arte oaxaqueña, y retratos de Pancho Villa, se junta una variedad de familias que comparten el mismo dolor y la misma pena: el no poder dormir, comer, o soñar a causa de la perdida de su casa.
Flor y Carlos Negrete tienen ya mas de dos años sin dar el pago de su casa. Y uno lo nota. “Ya tengo mucho sin limpiar el patio, ni ponerle nada a la casa, es que me da coraje nomás de pensar que si nos la quitan, ellos se van a quedar con todo”
Pero ganas no les han faltado de luchar por mantener la casa. Desde hace mas de seis meses han estado organizando un pequeño espacio en donde poder platicar de los problemas que trae esto de los foreclosures. Para unos es la primera vez que discuten el tema con extraños, o con otra persona que no sea su pareja. Cuentan que en la primera junta, hasta a los machos mas machotes se les corrían las lagrimas de dolor y de pena.
El grupo ha evolucionado después de esa primera junta en el Taller de ciencias. Hoy en día, se reúnen en la Casa de la cultura casi enfrentito de la Iglesia de la Asunción. En la primera hora platican de sus experiencias, de los robos que les han hecho abogados, licenciados, y de mas que juran poder rescatar su casa por 5,000 de los buenos. Intercambian estrategias de como hablar con los bancos o de como hacer que los bancos los escuchen a uno. En la segunda hora se separan en grupitos, voluntarios y demás. Los voluntarios trabajan con las familias recolectando todos los papeles y estimaciones necesarios para aplicar para la modificación de Obama, cosa que aquí la conocen como el plan de Obama.
La fe nunca les falta, pero si que a veces les falla. Cuentan los participantes de dolores de cabeza que les trae toda esta situación. “A mi me trae lazara el banco,” cuenta una señora, “hasta en el trabajo me hablan, y ya me están causando problemas.” Y es que a los bancos le sale mas baratita una llamada que perder $2,000-$3,000 dólares del pago del mes, y por eso contratan a agencias de cobro que intimiden a las mujeres y hombres que no pudieron dar el pago este mes.
“Y es que, no es como si no me acordara, si lo traigo en la mente cada minuto, ya no puedo ni pensar, y luego el banco me esta hable y hable cada hora, y pues si ya se que no he pagado, pero no puedo sacar el dinero de mi bolsillo en ese momento”
La mayoría de las familias que hoy están en “default”, ósea que han dejado de pagar el préstamo de su casa, aparte de estar apunto de perder su casa, también han perdido su trabajo. Los que no están desempleados por completo, sus jefes les han reducido las horas y la paga.
El amor de familia lo puede contra todo, menos el estrés de no tener dinero para comer y mucho menos para pagar la casa. Esto de los foreclosures ha separado a decenas de familias en Watsonville, no se diga al nivel nacional. Todo empieza con pequeños pleitos, discusiones entre la madre y el padre. Luego comienzan las culpas. “Fue tu culpa, por querer comprar una casa tan grande” o “Yo te dije que no nos endeudáramos con tanto”. Luego empeora la cosa, se vuelve mas tensa la situación. Los hijos empiezan a resentir los problemas entre sus padres, y luego hasta ellos se sienten culpables. Las hijas se dan por vencidas, se van de su casa, agarran por su cuenta y la escuela ya no es prioridad. Los mismo pasa con los hijos. Muchos de ellos sienten la responsabilidad de los pleitos de sus padres, dejan la escuela para trabajar, se dan a la vagancia, la calle es mas acogedora que el nerviosismo que se vive en la casa.
Las familias casi nunca mensionan este aspecto. Sera porque los que mas hablan son los papas y ni cuenta se dan del nivel de infelicidad con el que viven todos. Cuentan de los bancos, de los real estate, de la pareja, pero a los hijos se los trago la tierra. O cuentan que en ese tiempo la hija mayor mejor se quiso ir a vivir sola, o que la mas chiquita empezó a bajar de calificaciones, pero nunca cuentan los detalles, y toman sus historias como hechos aislados de los problemas de la casa.
En el caso de Watsonville la situación de los foreclosures no es tan fácil como simplemente decir que fueron una bola de compradores irresponsables. Y los hubo, pero la cuestión de vivienda es la ciudad es mucho mas complicada. El caso de Don Emiliano es un ejemplo.
Don Emiliano compro su casa hace unos 7 años. Después de estar rentando por un largo tiempo, decidió que era mejor invertir a una casa dejándole un patrimonio a sus hijos. Busco y busco por toda la ciudad y ninguna casa le pareció la correcta. Me imagino que los precios variaban pero la mayoría estaban entre $400,000 y $700,000. Quería lo mejor para su familia, y luego de platicar con un real estate, se decidió por una casa modesta, blanca, de madera en la esquina de una cuadra. La compro por al rededor de $500,000 de los grandes y le pareció una muy buena oferta porque tenia varias detalles que arreglar, pero negocio que mejor le bajaran el precio unos $25,000 y el mismo arreglaría lo que le faltaba a su nuevo hogar.
Al firmar el préstamo, el banco saco un montón de documentos en ingles para que los firmara. Aunque solo estudio hasta el tercer grado de primaria y sin saber leer ingles Don Emiliano confió que todo estaba en orden y firmo los documentos. Años después reconoce que en ese momento sintió que nunca iba a poder pagar la casa, pero no había otra alternativa, o rentaba y tiraba el dinero, o compraba la casa y hacia hasta lo imposible por pagar.
Don Emiliano trabaja seis días a la semana, y en domingo hace sus compras en Costco. Es mayordomo para una compañía que cultiva fresas, y no gana mas de $20,000 dólares al año.